Lunes, 27 Marzo 2017

E El baúl del recuerdo

La fiesta de la Candelaria ¿una tradición?

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La fiesta de la candelaria en Zacatelco generalmente termina cuando los compadres que han vestido la imagen del Niño Dios, o bien, que han sacado al Niño Dios de la rosca, regalan tamales. Todo porque en la pasada noche del 6 de enero el cuchillo bajó lenta y suavemente, rompiendo el crujiente decorado de la esponjosa rosca de Reyes cubierta de azúcar y frutas secas. ¡De pronto…!  saz!, se atoró, ya no quiso bajar más, insistir fue inútil, resulta que le atinó al Niñito y ni modo a pagar; las reglas están escritas, ya ni llorar es bueno. Finalmente, para algunos es motivo de alegría y jolgorio porque el 2 de febrero hay que cenar tamales, mientras para otros no lo es tanto, pues hay que pagar la deuda.

Hoy el Baúl de los Recuerdos se abre para comentar que la festividad de la Candelaria, en Zacatelco y en el mundo católico ha sufrido cambios: la Purificación de la Virgen y la bendición de la vela se ha suplido con la imagen del Niño Dios.  Es probable que en el siglo XX en las filas de la Iglesia surgiera la idea de sacar la escultura que se encontraba en el pesebre navideño para realizar la insignia de la presentación de Jesús en el Templo. De esta manera, el anciano Simeón se compara con el sacerdote y los dueños o padrinos de la pieza son similares a María y José.

Hay diversos documentos de la Época Virreinal referentes a la fiesta de la Purificación de la Virgen, incluidas las velas y su bendición. Es importante aclarar que el día en que a la figura del Niño Dios se le vestía y celebraba en grande era en la Navidad, tanto en los templos como en los conventos. Al acto de vestir al Niño Dios para su onomástico se sumaba la festividad de alguna Virgen María que en su advocación llevara a Jesús en su regazo – como la Virgen del Rosario, la Virgen de la Luz o la Virgen del Carmen, por citar algunas.

Es probable que vestir al Niño Dios fuese una actividad promovida en conventos femeninos de la Nueva España entre los siglos XVII y XIX. Prueba de ello son algunos documentos de la época, así como la indumentaria que puede observarse en obras de museos como el de Arte Religioso de Santa Mónica, en Puebla, o el Nacional del Virreinato en Tepotzotlan, en los cuales las religiosas muestran los exquisitos vestidos que elaboraban para sus Niños Dios, junto con vistosas joyas, pelucas y otros accesorios. Las vestimentas que se observan en estos trabajos de caballete se relacionan con advocaciones específicas de los atributos, de tal manera que hay Niños Dios como: Salvador del mundo, que muestra al mundo en la mano (atributos que lleva el Niño de Praga); del Sagrado Corazón, que lleva la figura de un corazón en la mano (como el niño mueve corazones que se venera en el templo de Loreto, en la Cuidad de México); el llamado pasionista que carga una cruz, un cráneo o una corona de espinas, o bien dos de estos elementos a la vez (que es el caso del niño de las suertes en Tacubaya); puede verse a manera de Peregrino, que porta esclavina y un báculo con calabazo (como la indumentaria del Santo Niño de Atocha,  El Niño futbolista ataviado con la indumentaria de la selección nacional mexicana o con el uniforme de algún equipo de futbol nacional que se encuentra en la Iglesia del Rayo de la ciudad de Puebla. Todo este ropaje que presentan las religiosas ha prevalecido hasta el presente siglo, no sólo en algunas imágenes milagrosas, sino en la actual tradición de vestir al Niño Dios casero para el día de la Candelaria.

Podemos decir que esta práctica fue inventada a principios del siglo XX. Como toda tradición ha pasado de padres a hijos, al correr los tiempos y sucederse las generaciones. En sentido general, es una continuidad de ideas que de alguna manera se institucionalizaron como normas populares. Si bien los periódicos de los siglos pasadas sólo se dice que se solían vestir las esculturas, con el tiempo se dio una especie de reglamentación sobre cómo presentar al Niño durante sus primeros tres años; aunque lo relacionado con la vestimenta ha variada, así como los modelos. Cada persona o familia tiene su propia versión para adornarlos, a lo que se suman las propuestas de revistas.

Sea cual fuere el porqué de vestir y llevar al templo al Niño Dios hogareño, lo cierto es que con este acto se suele dar el compadrazgo. De esta manera la festividad del día de la Candelaria tiende a originar vínculos de obligación para con el Niño Dios y con la familia a la que pertenece la escultura. La relación entre compadres es una oportunidad para reforzar lazos de vecindad, amistad y familiaridad, pues se demuestra respeto. Por otra parte, gracias a este tipo de actos religiosos se crean vínculos sociales y comunitarios.

Bibliografía:

Relatos e historias de México vol. 42 pag. 29-32

Jerónimo de Mendieta (1525 - 1604), religioso e historiador español.

 

Archivo personal.

 

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