Viernes, 15 Diciembre 2017

D Desarrollo Humano

Asertividad

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 “…por un momento la pantalla en blanco, un ruido ensordecedor, las luces tintinean parece que se presentará un apagón, no puede ser justo hoy que no cargué la pequeña lámpara de mano de esas que ya casi nadie usa pues ahora todo o casi todo lo realiza un teléfono móvil, aquel teléfono que desgasta su pila cada vez más pronto en los intentos fallidos de encontrar algún mensaje tuyo que me indiqué lo bien que puedas estar.

El ambiente queda en penumbras, no se escucha nada, silencio total, me invade aquella reacción que desde pequeño conservo, río para mi pues ante la oscuridad en automático mis ojos parecen abrirse demasiado como si con ello pudieran iluminar la estancia, mis orejas se ponen firmes  en alerta y mi piel se eriza volviéndose más sensible ante cualquier situación que se pudiera presentar

Aparece frente a mí nuevamente una especie de pantalla, muestro interés y atento espero ver que más sucede

Me veo proyectado ahí en un lugar muy bien conocido, otra vez esa sensación de soledad de abandono de nostalgia, aparezco en escena con un álbum de fotos entre las manos, un lápiz en la mano y varias hojas de papel a medio usar tiradas en el suelo, las escenas se atiborran unas tras otras algunas parecen imperceptibles apenas puedo adivinar lo que proyectan; mentira sé muy bien lo que reflejan y es aquello que por mucho tiempo no quise ver

En cada escena prevalece el dolor esas imágenes parecen ir aún más lentas que las pocas que muestran alegría ,en cada escena se muestra a un ser acompañado de nostalgia, de sentimientos encontrados, de culpa y sin embargo se le ve confundido al no reconocer en su totalidad culpa de qué pues sabe perfectamente que era parte del proceso, sabe bien que fue parte del crecimiento, no se justifica solamente entiende que ya ha sucedido y que cada cual hizo su aportación u omisión; la vida es de constante aprendizaje y ese es el objetivo aprender y adecuar al ser individual tras los actos fallidos

¿Acaso sirve de algo arrastrar la pesada carga de errores cometidos, de traer al presente a cada instante las omisiones erradas aquellas que por más compensación que pueda ofrecerse en el presente aun así no antecederán a lo ya omitido en el pasado?,¿cuál será el beneficio de recordar y lastimarse uno mismo con la falta de tiempo no otorgado a alguien en especial, a no darle abrazos, besos y sonrisas a quien nos esperaba con alegría en casa, cual razón existe para sacar la balanza en todo momento y comparar lo que pudo ser con lo que fue?

¿Para qué traer a la mente o comentar aquella vez o veces que la comida terminó fría en la mesa después de discutir acaloradamente sin motivo realmente importante solo por demostrar quién era más “fuerte o poderoso” en ese momento, las noches de insomnio que fueron las primeras en que reconocimos el frio por separado por que el orgullo propio era más importante que la razón, la prudencia, la humildad o el amor?

¿Tiene sentido recordar aquellos gritos desesperados por parecer más fuerte ante la otra parte cuando en realidad el miedo y la inseguridad invadía a los seres aquellos que se negaban a aceptar rendirse y recomenzar un buen dialogo, aquellos seres que muchas veces dijeron estar unidos aún a la distancia y usar la prudencia y dialogo para enfrentar juntos cualquier adversidad?, las imágenes continuaban unas tras otras, no era necesario verlas ahí proyectadas pues mi mente y ahora la de usted las reconoce fácilmente, sabe de aquel dolor, de aquellos momentos que sin prestarles mayor atención fueron creciendo y volviéndose muchos momentos que descompusieron al ser, que atentaron previamente con la estabilidad emocional propia y de la persona amada, aquellas imágenes que narran el principio de un todo, este todo que a veces nos negamos a aceptar…”

Estoy seguro que ha entendido la razón de este escrito, no es algo completamente personal sin embargo puede llevar mucho de ello, pues como seres humanos caminamos a veces con la aparente certeza de hacer lo correcto y olvidamos reestructurar, revisar, actualizar nuestros hábitos conductuales, la manera de expresar y recibir sentimientos, se llega a olvidar que el camino es largo y que el andar cotidiano deberá estar acompañado de la mejor asertividad posible aquella que nos permita ser felices y transmitir felicidad en cada paso

Sugiero no esperar una “semana santa” para reconocer ante un creador los actos cometidos, una “pascua” para alegrarnos por un dia de la bondad de la vida y los regalos divinos que recibimos en cada amanecer, una “fiesta nacional” para resaltar aquel patriotismo y respeto por nuestra cultura y antecesores para convertirlo en un dia de festejos excesivos que lejos están muchas veces de unir a la familia pues la fiesta es en todos lados y cada miembro de la familia festejando por separado en distintos lugares, no esperemos un “todos santos”, para llorarle a nuestros seres queridos ausentes y traer a colación la historia con la que iniciamos este relato, tampoco esperemos una navidad o fin de año para decidirnos a ser mejores esta vez, iniciemos hoy hagamos posible la unidad y sentimientos aquellos que lo harán encontrarse consigo mismo, logrando de esta manera aceptarse así, como es usted hoy, reestructurarse, permitir que otras personas y que mejor aquella persona que usted ha estado deseando o que por alguna razón aun estando ahí tal vez no se reconocían plenamente.

Soy Anastasio Díaz Meléndez, promotor del potencial y desarrollo humano y en este dia deseo sea usted completamente feliz, alcanzando su realización plena; felicidades por ser parte de este maravilloso andar.

 

 

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